miércoles, 24 de julio de 2013

Me apetece escribir, pienso en escribir un poema, un diario, una reflexión... levanto la cabeza y miro a mi al rededor, todo parece tranquilo, el aire mueve las hojas, se oye el leve sonido de mi canción favorita, tranquilidad, sí, se nota tranquilidad. Me dedico un momento para pensar en mi, en mis sentimientos, en cómo me encuentro. Me doy cuenta de que las lágrimas de estos últimos días por fin han dejado de caer, por fin todo parece que va bien. El cielo empieza a cubrirse de nubes que amenazan lluvia. La canción acaba, silencio... y de repente un trueno, comienza la tormenta. Noto como no solo se moja mi cuerpo con las gotas de agua que cada vez caen con mayor viveza, noto como dentro de mi también empieza a llover. Son demasiadas sensaciones juntas y me limito a llorar bajo aquella lluvia de verano. El tiempo pasa y anochece, mientras la tormenta no cesa y caigo rendida a la noche, a la lluvia, a la tristeza, a aquellas lágrimas que llevan ocupando la mayor parte de mi tiempo estos días, todo me supera y al final duermo.
Un rayo de luz me despierta y a lo lejos veo como un pequeño arco iris empieza a aparecer. Tengo una sensación extraña, calma, tranquilidad... ya no tengo ganas de seguir llorando porque si algo he aprendido es que después de la tormenta, siempre llega la calma...

No hay comentarios:

Publicar un comentario