martes, 12 de abril de 2011

Todo puede mejorar...


Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raíces es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raíces y poca copa a duras penas deja circular la savia. Raíces y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos. Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aun. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.
Cuando las cosas vayan mal, como a veces pasa, cuando el camino se ponga cuesta arriba, cuando tus recursos mengüen y las deudas suban, cuando al querer sonreír, debas ahogar las lágrimas, cuando tus preocupaciones te tengan agobiado, descansa, si te urge, pero no te rindas.

La vida es rara con sus idas y venidas, donde las contradicciones son el pan de cada día, y si el fracaso, entonces, llama a tu puerta y te invita a mirar hacia atrás, no le des entrada, lucha, mira hacia adelante, no te rindas.

Por eso, decídete a luchar sin tregua, porque, en verdad, cuando todo empeora, el que es valiente, no se rinde, ¡LUCHA!


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